Assassin: III
Lo primero a explicar el título xD. Como ya no lo considero precisamente un "proyecto" he decidido cambiar el nombre y ponerle un título al relato. Por supuesto, lo que primero se me ha venido a la cabeza es Asesino pero, al menos me parece a mí, queda cutre que te cagas, así que lo pongo en inglés, que suena mejor y no parece tan cutre xD.
Bueno, miento, lo primero que se me ha venido a la cabeza ha sido Galvan History X, pero creo que es un nombre que ya está demasiado explotado como para que quede bien. Más cosas, en este momento, tengo hecho hasta el capítulo IV y parte del V, espero poder ponerme esta noche y lo termino, con suerte hasta empiezo el VI. Bueno, dejo de spammear sobre cosas que no os interesan, espero que os guste el capítulo de hoy^^
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III
- Hmm, me pregunto quién querrá matarle – meditó Galvan.
- Dirás quien no quiere matarle – el anciano miró a Galvan – Iaskel no es precisamente un icono para Fuertegris. Ha jugado demasiado sucio para llegar a donde está, y parece ser que alguien quiere devolverle un favor.
- No te falta razón, viejo. Pero la gente que vive aquí siempre es demasiado cobarde a la hora de tomar este tipo de decisiones. Si no fuera así, me quedaría sin negocio – sonrió – Todavía me cuesta creer que alguien se atreva a pedir la muerte del jefazo de la ciudad, y encima no se atreva a hacerlo con sus propias manos. Al menos sabe elegir, si no no habría escogido al mejor asesino de la ciudad. Por cierto, para acometer esto operaré solo. Creo que todos somos conscientes de que es una misión delicada, en la que no conviene – miró a Dagas, quien tragó saliva – que haya niñatos sentándose en pianos ni ese tipo de cosas.
- ¿¡Vamos, es que no vas a olvidarlo!? – replicó el muchacho.
- ¡Casi nos cuestas el encargo, inútil de mierda! – se levantó y se acercó a grandes zancadas hacia él.
Una mano arrugada se interpuso entre los dos.
- ¡He dicho que basta! – la voz del anciano resonó en la pequeña habitación – Mientras estéis en esta casa no quiero veros luchar, o lo lamentaréis. Galvan, has recibido una nueva misión, tendrás cosas que hacer. Y por la cantidad de dinero que el cliente ha dejado de señal, el asunto debe de correrle prisa.
El asesino regresó a la mesa, enfurecido, guardó el cuchillo en su vaina y salió a la calle, musitando maldiciones. Decidió ir a la taberna de Grez para ver si averiguaba algo de su cliente. Galvan disfrutaba caminando por las calles de Fuertegris de día, sin necesidad de estar concentrado en nada en especial. El sol se alzaba en el cielo despejado, y el en el ambiente todavía podía notarse la humedad dejada por la lluvia de la noche anterior. Tras un trayecto no muy largo, Galvan vislumbró la gastada fachada de la tasca al otro extremo de la calle. Suspiró al pensar que tendría que ver de nuevo a los borrachos habituales, además de alguno nuevo que hubiera elegido el sitio como su nuevo hogar. Más valía que no le tentaran, podría acabar con alguien si le molestaba lo suficiente, y las relaciones estaban un poco tensas con Grez en ese aspecto. No le agradaba mucho el hecho de tener cadáveres en su propiedad, y menos si todos se los proporcionaba la misma persona. Antes de atravesar la puerta de madera con tachonaduras de hierro oxidado, miró a su izquierda y le pareció ver que unos pequeños ojos amarillos le observaban desde la entrada a un callejón, pero al instante desaparecieron. Achacó su presencia a los efectos del calor, y se sumergió en el ambiente cargado del negocio de Grez.
Tal y como había temido, allí estaban todos los de siempre, muchos de los cuales se giraron para ver quién era el visitante, y se volvieron inmediatamente al reconocer la silueta del asesino. Galvan se acercó a la tosca barra y se colocó en un estrecho hueco libre. Grez se acercó al verlo, tendiéndole una jarra de cerveza.
- Gracias – dijo Galvan, saboreando la bebida – Supongo que te haces una idea del motivo de mi visita – le escrutó los ojos, en busca de algún rastro de miedo.
- Sí, me hago una idea de por qué vienes a visitarme. Ven, pasa adentro. ¡Edd! Encárgate de atender a los clientes, tengo asuntos que atender.
- ¿Qué hay, Galvan? – saludó el chico.
Galvan le saludó con la mano. Le gustaba aquel chico, a pesar de su cara llena de acné y su torpeza natural. Al menos era mejor que Dagas. Miró al otro extremo de la estancia y vio a un extraño individuo que le miraba fijamente. Vestía de manera peculiar, con una extraña prenda marrón, sin capucha, que le llegaba por debajo de las rodillas; una especie de capa, pero más fina y con mangas, cubriéndole parte del pecho; y lo que parecía una camisa de tela blanca. También llevaba una extraña tira de tela delgada, colocada sobre la camisa.
- ¿Quién es? – le preguntó Galvan al muchacho, indicando con la cabeza al peculiar sujeto.
- Se llama Bermúdez – Galvan levantó la ceja, extrañado. Bermúdez no era precisamente un nombre común en la zona – Dice venir de
- ¿Y qué le trae desde un sitio tan lejano?
- Según él, viene por negocios, pero no quiso revelar nada más.
- Comprendo… Bueno, he de hablar unas cosas con tu tío.
Se separó de la barra y caminó hasta el extremo del establecimiento, donde atravesó la barra por el hueco habilitado para ello. Como de costumbre, se dirigió a la pequeña habitación situada junto a la cocina, donde Grez ya le esperaba.
- ¿Y bien, que puedes decirme?
- La persona que necesitas tus servicios sabe lo que hace. Quien me entregó el sobre era un mendigo, demasiado sucio y mal vestido para ser el verdadero propietario del paquete. Además, parecía aterrorizado, una vez entregó el sobre salió de aquí bastante apresuradamente. Por lo demás, no he vuelto a verle el pelo, y Edd tampoco. Sin embargo, algo me llamó la atención de su aspecto. Parecía demasiado alto y bien alimentado para ser un mendigo normal. Quizá sean imaginaciones mías, pero yo me andaría con cuidado.
- Estaré atento – mostró una amplia sonrisa – Debe venir de alguien importante. Me encanta que esos cerdos sebosos de tres papadas recurran a esto para ascender. Gracias por tu ayuda amigo, cuando termine el trabajo tendrás tu parte.
- Nos vemos, Galvan. – el asesino se levantó, y salió de la habitación sin hacer ruido.
Las calles aún seguían concurridas, aunque el caudal de gente había descendido considerablemente desde por la mañana. Las mercancías mostradas en los puestos de comida empezaban a escasear, y los mercaderes habían perdido el brío de la primera hora, lo cual era de agradecer para los oídos. Galvan caminó sin rumbo, y se detuvo para contemplar las armas expuestas en una esquina.
- Buen acero, señor – le dijo el mercader con voz aterciopelada – Extraído de las minas de Dargor, forjado en las mejores herrerías de la ciudad del acero – alargó la mano y le tendió una espada larga ricamente decorada – esta hoja perteneció a un gran alquimista y posee misteriosos poderes mágicos…
- Sí, tantos poderes mágicos como la mierda que cago todos los días – miró con desinterés las armas que el mercader le mostraba, mientras hacía caso omiso a sus comentarios sobre aceros mágicos y armas legendarias. Posó su vista sobre una daga curva y la tomó con la mano. Parecía de buena calidad, equilibrada y cómoda - ¿Qué precio tiene esto?
- Oh, veo que tiene buen ojo, señor. Debido a su cuidada elaboración, no puedo pedir menos de tres monedas de plata por ella. Pero por ser usted, lo dejaré en dos monedas. ¿Qué me dice?
- ¿Dos monedas de plata por esta daga? ¿Qué hace, mata sola? No creas que…
Una sombra marrón se abalanzó sobre Galvan. Éste percibió el movimiento a tiempo y se agachó, esquivando al atacante, que cayó al suelo y rodó. Galvan se levantó, y mientras el hombre que le había atacado se giraba, avanzó hacia él a la velocidad del rayo. Una vez se dio la vuelta completamente, alzó la daga, aún en su mano, y atravesó la garganta del que debería haber sido su asesino. El hombre la sujetó con las dos manos, intentado contener la sangre, y se desplomó.
Resultó ser el hombre de marrón con la tira de tela encima de la camisa. Bermúdez, recordó Galvan. Negó con la cabeza.
-Aficionados… - Miró de nuevo al mercader, quien, temblando, empuñaba sin demasiada fuerza una espada corta con sus blandos dedos. Galvan le lanzó un puñado de monedas de cobre – Toma, esta daga no vale más, y menos ahora que está tan sucia. – Se cubrió con la capucha de su capa y se internó en el callejón del que había salido el atacante, en dirección al Barrio Negro.
Salu2
PD: Alguien sabe si se pueden crear plantillas personalizadas para el blog? Porque ninguna de las que te ofrecen como modelo me convence (incluso cambiando colores) porque quería una con diferentes tonos de marrón, por eso del chocolate
PD2: Este ese para el que los pedía más largos, pero no te acostumbres que el 4 es más corto xD
PD3: Comprended que me lo cargue tan rápido, no podía mantenerlo más sin cargarme la historia xD
3 comentarios:
Como siempre, muy bien escrito, me está gustando mucho. ¿Cuántos vas a publicar? Podías escribir unos relatos más y después publicarlos; están muy bien. Salu2
Me cago en la puta, se le ha pirado la pinza al FireFox y tengo que escribir el comentario de nuevo >.<
Según calculo, esto tiene pinta de durar unos seis o siete capítulos, al menos la parte que ahora estoy escribiendo. Sin embargo, la verdad que como que me quedo con ganas de más, me gustan mucho los personajes que he creado, me gusta escribir sobre ellos, y desde luego que me gustaría desarrolarlos más, que tengan más personalidad, deciros por qué Galvan respeta de esa manera al viejo de la casa (aunque todavía no estoy seguro, pero de alguna manera lo explicaré). Eso sí, a no ser que las cosas cambien mucho no pienso desarrollar el poder de Galvan con cosas estilo BanKai ni Kyubi xD
Es más, me gustaría mantener alejado en lo posible lo sobrenatural, aunque nosé, supongo que eso será según me dé
Salu2
PD: Si os paráis a pensar 5 segundos veréis como en este comentario dejo claro lo que NO le va a pasar a Galvan xD
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
SACRILEGIOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!
Pero que has hecho!!! Como se te ha ocurrido!!!!!
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
:'( :'( :'(
En fin, no te lo podías cargar tan rápido, no ha hecho nada. Además no era un comisario... Te has cargado su esencia xDDDDDDD
El resto, bien. Me he perdido al principio y he tenido que leer el II.
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