miércoles, 23 de mayo de 2007

Assassin: IV

Lo siento, es demasiado tarde ahora mismo como para ponerme a pensar y poner aquí algo que tenga sentido, así que me limitaré a hacer el copypaste del .doc donde guardo la historia
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IV

Solmor alzó la vista para contemplar al gran disco dorado que brillaba sobre la ciudad. El maldito Sol le recalentaba la armadura, y al rato de salir de la barraca ya estaba empapado de sudor. Suspiró, y reanudó su trayecto a lo largo del borde de la muralla. Patrullar era aburrido, desde luego, pero aun así era mejor que pertenecer a la guardia local.

Hacía menos de dos meses que había conseguido ingresar en el cuerpo de los Altos Guardias. Esto significaba que era considerado parte de la élite en cuanto a protectores se refería. Sus compañeros se encargaban de guardar la fortaleza dentro de Fuertegris, donde residían las más altas esferas de la sociedad local. Realmente, ninguno de los miembros de la Alta Guardia sentía especial aprecio por alguno de esos nobles rollizos, pero qué demonios, la paga era buena, y el servicio no era muy duro.

El Alto Guardia se internó entre las casetas de pescadores, muchas de las cuales se habían construido adosadas a las murallas de la fortaleza. Los trabajadores iban y venían en sus pequeños botes, moviendo el pescado sacado del río de un lado para otro. Nada en especial, nadie sospechoso. O eso creía, hasta que sintió una punzada de dolor en la mano y descubrió que un pequeño dardo estaba clavado en el dorso. Miró a su izquierda y vio a un hombre, vestido con una túnica gris, apoyando la espalda en una de las cabañas, semioculto entre las sombras. Esbozaba una enorme sonrisa.

- Maldición, ¿no sería más fácil si te limitaras a llamarme? Estas cosas duelen, ¿sabes?

- Sería más fácil, pero mucho menos divertido. Me encantan los respingos que das cuando te clavo el dardo o te agarro con por la espalda – el asesino se incorporó – Ven, acércate, tengo que hacerte unas preguntitas. Ya sabes, sobre el trabajo.

- Ya no pertenezco a la guardia local, Galvan, me han ascendido. ¿Acaso no ves la insignia? – Le mostró el disco de bronce sobre su pecho, con un dibujo de una torre, que simbolizaba su pertenencia a la guardia de élite – ya no puedo decirte nada sobre los negocios sucios de nadie.

- Lo sé, es por eso que te necesito. Verás, me han dado un trabajito ahí dentro.

- ¿Aquí dentro? Galvan, ¿eres consciente de lo que haces? Es el sitio mejor guardado de la ciudad…

- Deja de decirme cosas que ya sé. Ven, hablemos aquí, rápido, antes de que te vean.

Solmor se acercó a donde esperaba el asesino, y ambas de introdujeron en un recodo oscuro, más alejado del camino.

- Bien, necesito que me digas unas cuantas cosas. Quiero saber cuándo son los cambios de guardia, el nivel de vigilancia a lo largo de la muralla, la presencia de arqueros y ese tipo de cosas – miró al guardia, que parecía perturbado y molesto.

- Ya sabes que hacer estas cosas no me gustan, si alguien de dentro me pregunta me pondré nervioso y tengo miedo de cagarla.

- Bueno, al menos en eso no has cambiado. Pero venga, me lo debes, y además, con esa cara de buenazo que tienes nadie te creerá ni aunque se lo digas a la cara.

El Alto Guardia asintió a regañadientes e informó al asesino sobre todo lo que necesitaba para llevar a cabo su trabajo. Era cierto, le debía demasiado como para negarle el favor. Una vez terminó, se dio la vuelta y volvió a la calle, pero a mitad de camino, se detuvo.

- Por curiosidad, ¿quién es la víctima?

- No querrás que te arruine la sorpresa ¿verdad? Ya lo verás con tus propios ojos cuando termine.

- Espero que sepas donde te metes. Las puertas están permanentemente vigiladas por cuatro Altos Guardias, así que como no conozcas a todos nosotros, lo vas a tener difícil para pasar.

- Ah, Solmor, parece que no me conoces. ¿Desde cuando yo hago mis visitas por la puerta? Sería muy descortés si entrara por la puerta sin llamar.

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Galvan se encontraba en su habitación, dentro de la casa del anciano. Tras darse un rodeo alrededor de la muralla de la fortaleza, había descubierto numerosos puntos débiles por los que no sería muy difícil trepar hasta las almenas.

Estaba absorto en la puesta a punto de su equipo. Necesitaba todo en perfectas condiciones para acometer su siguiente trabajo con éxito. Decidió salir la noche siguiente. Este trabajo era el más importante que le habían encargado nunca, pero ni un atisbo de nerviosismo recorría su cuerpo. Al final y al cabo, era Galvan, nadie podía capturarle.

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Salu2 y que os vaya bonito

2 comentarios:

Manuel Pardo dijo...

Excelente, como siempre!

Yak dijo...

Esperando el capitulo V...